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:: Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968)

La configuración de lo femenino

Memorias del subdesarrollo (1968), del cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea, presenta una estructura innovadora en la cual se conjuga el presente ficcional, el pasado ficcional a través de los recuerdos del protagonista –Sergio- e imágenes documentales, conformando un verdadero collage.
La articulación entre ficción y documental está atravesada por la conjunción entre ambos registros, que también se puede caracterizar como la relación dialéctica entre el individuo y su contexto histórico. La utilización de documentales en la película tiene distintas funciones: por momentos es un contrapunto con la ficción, con la manera de pensar de Sergio; en otras ocasiones, adquiere una función informativa de modo de contextualizar la historia. Mediante ficción y documental, se muestran dos visiones diferentes sobre la realidad cubana post revolución donde se exponen las contradicciones de ambas miradas, aunque es necesario aclarar que se observan mayores contradicciones en la visión crítica sobre la revolución, la de Sergio.

Existe un claro contrapunto entre la realidad “subjetiva” del personaje y el punto de vista del sujeto de la enunciación, que estaría a cargo de una visión más “objetiva”. Las marcas de la enunciación se ponen de manifiesto claramente a través del registro documental, pero no es la única manera.
El punto de vista de Sergio y el punto de vista de la enunciación están constantemente en relación dialogal, en la que se exponen las contradicciones de la realidad cubana. ¿Cuáles son esas visiones? Una, la de la Revolución, que implica una actitud activa del sujeto. La otra, la de Sergio, es la del sujeto que se mantiene al margen de los acontecimientos históricos. Sergio es claramente pesimista, abúlico, desconfiado de la realidad, mientras que el sujeto de la enunciación toma las veces el rol de ser “objetivo” con la realidad, hecho imposible.

La configuración de lo femenino en “Memorias del subdesarrollo”

En Memorias... la mujer está vista como un objeto de deseo, no como sujeto. Entre todas las historias que mantiene Sergio con las mujeres, la única que no es vista de esa manera es Hannah, una europea que había huido del nazismo y recalado en Cuba. La pérdida de esa mujer ideal también representa el comienzo de la decadencia del personaje de Sergio, quien deja de lado aspiraciones y sueños.
No obstante, la figura de Hannah representa otro tipo de “mujer-objeto”, que se podría catalogar como la “mujer objeto del deseo romántico”, en oposición a “la mujer objeto del deseo erótico”. Lo que se pone en juego constantemente en todo el film es la relación dialéctica entre la mirada “objetiva” de las mujeres y las idealizaciones de Sergio.
Las otras mujeres que retrata la película (Laura -esposa de Sergio-, Noemí y Elena) son vistas como objetos, desde una mirada despectiva. De hecho, a cada una le corresponde, dentro de la estructura del relato, un capítulo. A Laura -su esposa-, Sergio la desprecia por sus aires de pequeño-burguesa y la acusa de vulgar y frívola. Con Noemí, la mujer que realiza tareas domésticas en su casa, tiene fantasías sexuales cuando luego de mucho tiempo toma cuenta de ella.
Pero el desprecio que siente Sergio hacia a las mujeres se patentiza aún más en su relación con Elena, de quien dice que es una “inconsistente”, como los demás subdesarrollados, de los cuales él obviamente se excluye. Sergio se pone en el rol de tratar de cambiarla, como hizo con todas, de hacer que ella se apropie de sus gustos del tipo europeo, como él mismo dice. Pese a la revolución cubana, se muestra claramente que la misma no ha llegado a las cuestiones de género, donde la mujer está más relegada. Este hecho se clarifica cuando Elena y su familia acusan a Sergio de haber violado a la adolescente: la madre dice que el bien más preciado que tiene una mujer cuando llega al altar es su virginidad.
Al estar la visión de Sergio en contradicción con la del sujeto de la enunciación, se puede concluir que se intenta un debate sobre el rol de la mujer en la revolución, fundamentalmente porque Sergio no represente a un personaje que pueda provocar identificación en el espectador. Es necesario recalcar que ninguna de las mujeres (Hannah, Laura, Noemí y Elena) está involucrada con los ideales de la revolución cubana.

El relato cinematográfico comienza con una secuencia en un baile popular. La primera imagen que se ve claramente es la de un hombre, uno de los músicos. La primer aparición de la figura femenina se da de manera fragmentada y en relación a una figura masculina. Se ven los cuerpos de dos mujeres bailando de espaldas, pero sin que se vean sus cabezas. Estos dos cuerpos “descabezados” están en un segundo plano, ya que se ve en un plano más cercano el rostro de uno de los músicos. La mujer pareciera representar el erotismo, mientras que el hombre el pensamiento racional. Esta observación inicial es importante porque sintetiza la visión de lo femenino dentro del film: relegada a la mirada masculina. En el plano diegético, a la mirada de Sergio. Pero existe una ambigüedad también con el punto de vista autoral, en el cual la mirada sobre la mujer es, al menos, sesgada y cargada de cierta misoginia. Además, teniendo en cuenta el visionado de todo el film, a partir de esa imagen se instala otro tema, el del doble femenino. En el plano de la ficción, Sergio compara constantemente a sus mujeres. A Elena quiere convertirla en Laura. Por su parte, la ausencia de Laura está reconstruida a partir de sus objetos personales (medias, lápiz labial, indumentaria y la grabación de su voz), con los cuales Sergio mantiene una relación fetichista.

Elena
Elena es el personaje femenino con mayor desarrollo durante la película. De ella abundan los primeros planos, la frontalidad, los seguimientos con cámara subjetiva y las falsas subjetivas que dan cuenta de las marcas de enunciación. Sergio se refiere a ella como “inconsistente” y se la escenifica de esa manera. Cuando están en el departamento de Sergio, ella se mueve de un lado para el otro, en una actitud muy activa que contrasta con la de Sergio, pasiva y estática. Para “domarla” Sergio necesita convertirla en otra, en el doble de Laura. Cuando Elena se prueba un vestido de Laura, su actitud cambia momentáneamente; esa transformación erotiza a Sergio.
Elena sintetiza la visión que tiene Sergio de lo que él denomina subdesarrollados. “Esa es una de las señales del subdesarrollo: incapacidad para relacionar las cosas, para acumular experiencia y desarrollarse. Es difícil que se produzca aquí (por Cuba) una mujer trabajada por los sentimientos y por la cultura… Todo el talento del cubano se gasta en adaptarse al momento y siempre necesitan que alguien hable por ellos”. Este fragmento del monólogo interior de Sergio resume su mirada sobre la mujer, el subdesarrollo y la identidad cubana. Da cuenta de la supuesta contradicción dialéctica entre sentimientos (la pasión) y la cultura (la razón).

Cuando Sergio está en la librería y toma entre sus manos un ejemplar de Lolita, mientras ve a Elena, quien está muy poco interesada en la cultura, dice mediante la voz en off: “De pronto me di cuenta que Elena no compartía nada de lo que me pasaba por la cabeza. Yo esperaba más de ella, pensé que era más compleja. Siempre trato de vivir como un europeo y Elena me obliga a sentir el subdesarrollo a cada paso”. La elección del libro Lolita no es inocente: trazando el paralelismo entre la película y el libro, hay dos hombres adultos y dos adolescentes, sólo que Sergio no logra convertir a Elena en Lolita, pese a ciertos parecidos entre ambas. No puede porque ella es subdesarrollada, desde su punto de vista. Cuando ambos se encuentran en el Museo de Ernest Hemingway en La Habana, Sergio afirma: “También a Elena quise cambiarla, como a Laura. Pero no entiende nada”.

En el Museo, es Sergio quien termina realizando un paralelismo entre la relación amo/siervo (Hemingway y su asistente), a través de la cual el protagonista dice que el escritor debe haber sido un ser insoportable. Pero mientras él relata despectivamente cómo Hemingway “moldeó” a René Villarreal, también está describiendo la naturaleza de su relación con las mujeres (de dominación). Este el punto de vista del autor, se denuncian las relaciones de dominación de la burguesía tanto desde el ámbito privado como el público.

Laura
El personaje de Laura se va construyendo a través de la fragmentación. Este tipo de construcción está íntimamente relacionada con los acontecimientos del relato, ya que recién cuando se presenta la escena que dio lugar a la grabación de la conversación entre Laura y Sergio (flashback) el espectador se puede enterar de lo que realmente sucedió: ella se fue a Miami, sola, cansada de los juegos de Sergio y de su maltrato. Recién en ese momento se puede ver accionar realmente a Laura y otra vez se pone de manifiesto la cámara subjetiva cuando Laura cae al piso. Esa caída representa también el último maltrato. Tanto Laura como Elena están mostradas en esta película en estados alterados. Laura parece sufrir un ataque de histeria, provocado por la angustia de haber soportado durante tanto tiempo el maltrato y el desprecio de Sergio.


A partir del redescubrimiento que hace Sergio de Noemí como mujer-objeto (y por ende objeto de deseo), la representación icónica de su figura se mantiene en dos registros: el diegético y el onírico. El que merece mayor atención es el onírico, pues allí Sergio da rienda suelta a su fantasía, con escenas cargadas de erotismo claramente artificiales desde lo estético. Sergio imagina la escena del bautismo de Noemí en el río: ellos dos están solos, vestidos de blanco y por el contacto con el agua se notan los senos de Noemí. Esta imagen está saturada a su vez por el plano sonoro, por música clásica (Vivaldi). Cuando Sergio y Noemí se zambullen lentamente en el río, esta escena remite a la iconografía de cierto corpus de película que también son objeto de una mirada irónica desde el punto de vista autoral. Noemí representa lo interno, por eso ella es vista siempre en espacios cerrados (la habitación de Sergio), excepto en su imaginación (donde se combinan los espacios cerrados y los abiertos como el río).
Cuando ya se ha quedado solo y Noemí le muestra las fotos reales del bautismo, Sergio se da cuenta que nada había sido como él lo había imaginado, pero no puede ni quiere desprenderse de sus imágenes oníricas sobre Noemí y se vuelven a representar imágenes de ellos dos juntos besándose, fruto de la fantasía del protagonista.

Hannah
Hannah es probablemente la única mujer que no está representada de manera despreciativa, la única por quien Sergio tuvo sentimientos positivos y de ello da cuenta la puesta en escena, con abundancia de planos de la pareja feliz, también cargadas de lirismo por la utilización de la banda sonoro. Paradójicamente, de Hannah nunca se escucha su voz. Sólo se la conoce a través de la voz en off de Sergio. La imagen de Hannah está trabajada con ciertos clichés propios de películas románticas, con fundidos encadenados previos de imágenes de árboles hasta desembocar en un plano cerrado de Sergio y Hannah besándose. Incluso la escena del rompimiento de la pareja parece sacada de un melodrama. Cuando se presenta una escena cargada de erotismo, la misma está trabajada desde una mirada romántica, ausente en la configuración de lo femenino en los demás personajes. Hannah representa el primer mundo, y eso se pone de manifiesto a través de la puesta en escena.


Por Cecilia Molinero (editorial@solocortos.com)
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